jueves, 21 de octubre de 2010

No hay derecho, ni derechos.

En horas próximas a la barbarie
dos muchachos agitaron sus banderas
un disparo repercutió en el aire
y un cuerpo golpeó el asfalto
cayó tan fuerte como un árbol
en el maltratado Amazonas.

Inventaron un interminable prontuario:
era colaborador de Bin Laden,
asesor del extinto Saddam Hussein,
hermano de Batista,
quién lanzó la bomba en Hiroshima
y el que mató a Lennon.
Quería ingresar oro blanco en Cuba,
profanar la tumba de Kennedy,
derribar torres en New York,
secuestrar niños en Tailandia.
Era hermano de Judas
y padre de Satanás.

En los diarios olvidaron de poner
que peleaba por los derechos del trabajador.

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