En su esquina, descansan ángeles blancos,
en la mía, duermen árboles gastados.
En su esquina, las palomas vuelan bajo,
en la mía, hay cuervos que no pierden el tiempo.
En su esquina, siempre amanece,
en la mía, a veces no oscurece.
En su esquina, suenan canciones de Spinetta,
en la mía, los ruidos te rompen los tímpanos.
De su lado, la sombra alivia los ratos,
del mío, te quemas estando despierto o dormido.
De su lado, las rosas te dan la mano,
del mío, las astillas te hacen sangrar hasta lo impensado.
En ambos lados, el aire se respira sin previo aviso
solo que del mío, se te cuelga del cuello y te asfixia
sin siquiera preguntar como te llamas.