miércoles, 20 de octubre de 2010

Del otro lado del muro.

Una esfera,
dos mitades casi perfectas
en tu mano derecha: mi mundo gastado
en la izquierda: los diamantes de mi herencia.

Cuarenta metros y un olvido
meses vagando en mares inundados
algas aferrándose a las rocas
y criaturas naciendo
de vientres infectados.

No existe vela que no alumbre
ni paredón que no divida,
no mueren hombres por ser machos
pero si mujeres por su condición de hembras.

Surgen inquietudes
a tan sólo nueve pasos
tu aire es como el mío
muchas veces enviciado
pocas, cálido.

En la mañana no te veo
tampoco en la tarde o en la noche
cuando alzo mi mirada
me estrello contra un muro
que separa a mi sexo del tuyo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario