Tres clavos en la muñeca izquierda
dos en la derecha,
siete estacas que le perforan
su grueso corazón.
Un pañuelo con
el número setenta y siete
enroscándole el cuello,
los pies atados
a una estructura metálica.
Más que muerto
las picanas le cosen la carne,
las balas ya no saben
si ir o venir
si llegar o partir.
Con cascos endurecidos
con puñales afilados
con venas sin sangre
con gritos arrancados.
Derechos para torturar,
sin derechos para reivindicar
a la vida.