Me plantaste un barco a la deriva,
muchas veces me dijiste que nuestro amor
no era negociable.
Creíste que mi estadía en tus pestañas
era tan solo un turbio naufragio.
Corríamos desgastando suelas
las que marcaban el camino de regreso,
lamentábamos ser hijos de una mala noticia
que fulminaba aquellas viejas pasiones.
Entonces derramábamos sangre
y enormemente excitados
bebíamos de la misma botella,
la que minutos más tarde
nos clavábamos en la yugular.
A tus antojos se forjaron mis pecados
a tus vaivenes se lanzaron mis abrazos
a tus encuentros iban mis ganas
en tus conquistadas perdía mis armas.
Hablando de un amor casi olvidado
me encuentro perdido buscando el lugar
en donde nunca más me vuelva a tapar la marea
en donde mis historias con vos
no duerman en vano.