El viento nocturno enredaba las voces
en las paredes de un otoño errante,
los ojos llenos de pesadumbre
y silencioso dolor.
Al sur de la noche, el trigo muerto,
y un rayo de luz, ínfimo,
amenazaba acabar con la tranquilidad
de la última bendición.
La ilusión de llegar al próximo amanecer
estiraba la penumbra de la soledad.
Y otra vez, despertó el viento
de la triste ausencia
y una desesperada paloma
sedienta de blancos sueños,
volaba alto para no matar.
Agua de manantial,
un cielo audaz,
palabras de sobriedad,
versos de amistad,
el tiempo los guardó
en el baúl del olvido mortal.
Y volver a suplicar
con los ojos llenos de realidad;
la Luna sin respirar y el Sol sin brillar.
Una única verdad,
con señales de mediocridad,
distante con heridas abiertas;
el aire incendiado
devolviendo cenizas de ansiedad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario