Caminé en las paredes cual araña nocturna que teje su nido,
me derramé en la tierra como una copa de vino volcada por un fuerte viento,
fijé mis manos en la espuma del mar,
naufragué en mis propios pensamientos, como un Freud a medio hacer.
Cuentos, poesías, novelas, ensayos, crímenes y tugurios
se fueron de mi haber como
estoicos golpes que marcaron mis pasos,
zigzaguee tu ruta, absurdo camino de pesado ripio,
descifré tus venenosos acertijos
y condenaste mi “mafioso” y “oscuro” cuerpo.
Dormí dos días enredado en un triste consuelo,
creía ser un Dios para tu pequeño mundo,
te creí Eva y yo la serpiente del engaño,
en tu última mirada simplemente me dijiste:
Idiota.
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